Angustia, Ambición y Desesperación por el Proceso Electoral 2021

El año 2018 marcó el inicio de una nueva época en la práctica política de México, los procesos electorales se transformaron, los partidos políticos, por primera vez enfrentaron su realidad y el fastidio de la población les cobró la factura de tantos años de abusos, ofensas y abandono.

La estrategia política de Andrés Manuel López Obrador rindió frutos, el sistema se vio obligado a ceder ante la fuerza social que durante muchos años se había acumulado y el líder moral de la llamada cuarta transformación tuvo que revisar el engranaje que debió usar para lograr sentarse en la silla presidencial, tantos años anhelada.

En 2013, López Obrador a partir de su movimiento regeneración nacional logró crear un partido político, que en 2015 logró ocupar varias curules en San Lázaro, en 2016 ganar muchos municipios y algunos espacios en legislaturas locales, y en 2018 logró el éxito esperado al ocupar la presidencia de la república, lo cual provocó un efecto social jamás visto en México después de la revolución de 1910.

Uno de los ajustes de estrategia que tuvo que realizar López Obrador fue la inclusión de varios personajes de PRI y del PAN, además de los que, desde el PRD le apoyaron para crear morena, ajuste que muy criticado por los militantes originales, ciudadanos denominados protagonistas del cambio verdadero en la estructura de morena, situación que provocó las primeras diferencias entre los militantes y dirigentes partidistas en 2016 y provocó el inicio de la crisis que hasta el día de hoy mantiene dividida a la militancia y la dirigencia de morena, sin que se vislumbre una solución a corto plazo y representa un serio riesgo para la continuidad del partido.

Hoy, en pleno proceso electoral 2021, denominado “la elección más grande de la historia” la vida política del país pasa por un momento muy complejo, jamás imaginado por los especialistas en política, puesto que los llamados partidos grandes pasan por una crisis que los ha puesto en serios aprietos ante un adversario jamás imaginado, la pérdida de importantes operadores de figuras de gran peso electoral y falta de una estrategia para enfrentar las circunstancias provocadas por el tsunami López Obrador en 2018, así como por la falta de formación, capacidad y experiencia política de la mayor parte de aspirantes a cargos de elección.

En Quintana Roo, la guerra interminable entre morenistas puros y oportunistas priistas, como ellos mismos se denominan, más el rechazo de la alianza con el PT y el Verde, promete un escenario en el que la coalición PAN-PRD-PRI podrán recuperar espacios en los municipios, a pesar que la imagen de Andrés Manuel López Obrador aún sostenga a morena, puesto que el desempeño de los integrantes de los gobiernos emanados de morena, así como los diputados de la XVI Legislatura han dejado evidencia suficiente de que el voto de la ciudadanía en 2018 y 2019 ha sido defraudado por esos que aseguran que no roban, no mienten y no traicionan, pero sus acciones han provocado la inconformidad de un gran número de ciudadanos que votaron por morena.

Ante el pobre desempeño de los representantes de morena en los tres principales municipios del estado, la XVI Legislatura, y los cargos de designación federales y municipales en el estado de Quintana Roo, el partido del presidente de la república puede tener un severo revés en la elección 2021, puesto que la ambición que ha provocado ocupar un cargo de elección popular se ha extendido tanto en nuestra sociedad, que el día de hoy, cualquier hijo de vecino se siente con capacidad, valor y talento para desempeñarse como presidente de municipal, síndico, regidor o diputado, sin tener la menor idea de la gran responsabilidad social que representa ocupar un cargo de tal envergadura, pero muy interesados en la riqueza económica y el poder político que representa ser parte de un sistema podrido hasta las entrañas, el cual corrompe fácilmente a los hipócritas ambiciosos que se disfrazan con la 4T.

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