La asignación del senador Felix Salgado Macedonia, para encabezar la Comisión Especial de reconstrucción en Acapulco Guerrero, no es solo un conflicto de interés evidente, sino también el espejo de un nepotismo rampante en la política mexicana. El nombramiento de Salgado Macedonio, ya señalado por violación agravada y despido injustificado, y sus comentarios recientes que trivializan la tragedia y pregonan una dudosa recuperación, son una bofetada a las víctimas del huracán Otis y a todos los ciudadanos que sufren su abandono.

Esta decisión no solo levanta sospechas; prácticamente asegura que la malversación y el desvío de fondos serán el destino de los recursos para la reconstrucción. La historia, repleta de episodios similares, nos advierte que el dinero destinado a aliviar la desolación raramente alcanza a los más afectados. Más bien, acaba inflando las fortunas de la clase política y sus cercanos, perpetuando un ciclo de corrupción y desamparo.

Los ciudadanos, traicionados una vez más por sus ‘líderes’, quedamos a merced

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